Children & Old

Vivir a-isla-do

domingo, 9 de febrero de 2014

ALMAS

Estaba sentado en ese viejo sillón junto a la ventana de mi habitación intentando recordar algo que me trasladase a los tiempos en los que todos los días nacían cientos de niños a lo largo de los cinco continentes, pero mi mente se encontraba cada vez más nublada. Sabía que quizás mi muerte no serviría para nada, ya no existiría un nuevo cuerpo inocente para albergar mi alma, la humanidad se estaba equilibrando y los nacimientos igualaban a las defunciones.
Todas las televisiones daban la misma noticia, se acercaba el momento en el que el alma de una persona fallecida no encontraría un ser donde refugiarse. Quizás fuese el primero en conocer como vagaría por la nada sin encontrar consuelo en el llanto de un recién nacido.
Me apresuré hacia la ventana y después de asomarme observé a viejos decrépitos como yo intentando volar para no quedarse sin refugio. En ese momento sentí una gran desesperanza, porque ese era el inicio del fin de la humanidad, hasta que de repente, la cabeza se estrelló en el pavimento, comenzando a llorar de nuevo mi alma.

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